“Somos una institución que promueve una formación basada en lo Valórico – Profesional y que integra en su currículum el desarrollo de competencias y habilidades que han marcado una tradición en la Comunidad Curicana”

“Ser una Institución Educativa que forma estudiantes en las áreas Técnico, Industrial y Comercial de Nivel Medio, reconocida por sus formación valórica, en búsqueda de la excelencia con estudiantes competentes en lo social y laboral, proyectándonos a nivel Regional y Nacional”

Nuestra institución se caracteriza por plasmar en su quehacer educativo los siguientes sellos:

  • Colegio Técnico Profesional con vinculación efectiva al mundo productivo y educativo.
  • Colegio Técnico Profesional con formación integral en el ser, saber, saber hacer y el saber convivir.
  • Colegio Técnico Profesional con ambiente inclusivo y de sana convivencia.
  • Colegio Técnico Profesional a la vanguardia en la formación Industrial, Técnica y Comercial.

Política de Calidad del Instituto Politécnico Superior Juan Terrier Dailly

JUAN TERRIER D – COMEDUC

  • Ofrecer una educación integral a jóvenes de educación media Técnico Profesional centrada en el desarrollo de competencias genéricas y específicas, fundamentadas en ser, saber, saber hacer y el saber convivir.
  • Entregar herramientas a jóvenes provenientes de diversas comunas de la provincia de Curicó, para desarrollar al máximo sus potencialidades y capacidades, en un ambiente inclusivo, de sana convivencia.
  • Comprometer aprendizajes de calidad en el área de servicios a través de objetivos y metas coherentes y verificables que se sustentan en una práctica de mejora continua y en el cumplimiento de los requisitos legales y normativos aplicables.

Un filántropo que ayudó y sufrió en tierra curicana
Su vida es un verdadero ejemplo de valores y virtudes, propias solo de seres espiritualmente superiores

CURICO. Una de las figuras que por su acción filantrópica destaca en las dos primeras décadas del siglo XX en Curicó es la de Juan Terrier Dailly, un francés que desarrolló una encomiable labor en beneficio de los sectores más desposeídos y que fue conocida en toda su dimensión solo después de su muerte.

El Diario “La Prensa” contiene valiosa información sobre la vida de este personaje que hemos rescatado para entregarla a nuestros lectores con el afán de colaborar con la historia de Curicó y su gente, personajes ilustres que aportaron al desarrollo de esta tierra de “Agua Negra”.

Sobre la vida de este ilustre personaje que influyó notoriamente en la consolidación de lo que es hoy el Instituto Juan Terrier Dailly, “La Prensa” señala que nació en el año 1847 en Perclos, Francia y que tuvo una infancia muy humilde, educándose en una escuela-taller, donde obtuvo el diploma en la especialidad de carpintería. Así lo señala el profesor Roberto Valocchi, en el año 1970, cuando se recuerda a este personaje en la Escuela Industrial que lleva su nombre.

SU VIDA

Entre los aspectos más importantes de su vida está el haber participado como Soldado en el Ejército Francés en la guerra contra Prusia en 1870 correspondiéndole ser parte de la defensa de París en esta confrontación bélica.

Juan Terrier, desde muy joven sintió el deseo de conocer y recorrer el mundo y es así como luego de la guerra se embarca cruzando el Atlántico para probar fortuna en tierras americanas. En 1876 llega a Montevideo, Uruguay, iniciando su peregrinaje por el continente que lo lleva a Buenos Aires para posteriormente, en 1887, llegar a Chile. Primero fue en Valparaíso para luego instalarse en la ciudad de San Felipe donde contrae matrimonio con doña Amalia Lucero. Rodeado del cariño de su esposa y de sus tres hijos, Carlos, Juan y Roberto, comenzó un intenso trabajo de emprendimiento en nuestro país.

Chile fue la tierra “prometida” para Juan Terrier donde formó y vio crecer su fortuna, a la vez que su espíritu se arraigaba en esta tierra. Las crónicas de la época, cuentan que nuestro ilustre personaje ve ensombrecer su vida cuando fallece su esposa y luego su hijo Roberto. Ante tanta desgracia, decide dejar San Felipe y trasladarse a Curicó en el año 1896 donde se dedica de lleno a sus proyectos comerciales y agrícolas, aprovechando las generosas tierras curicanas.

CURICÓ

Su espíritu de emprendimiento, le hacen progresar más en tierra curicana y es así como luego de unos años se convierte en agricultor y en flamante dueño del Molino Santa Filomena y del Cité Terrier como también de algunas rentables acciones de las Ferias Regionales y del Banco Comercial. En Curicó rehace su vida contrayendo matrimonio en segundas nupcias con doña Clotilde Altezán, con quien prosigue su tarea de progreso, pero la desgracia siempre lo persigue y pronto fallecen sus dos hijos, Juan y Carlos, quedando sin descendencia ya que de su segunda mujer no tuvo hijos.

Filántropo por naturaleza, constantemente ayuda a quienes requieren de un apoyo económico, labor que exige sea guardada en el más estricto secreto, dado que pensaba que las obras debían hacerse solo porque el espíritu así lo pedía y no como algo material que debían conocer otras personas.

Entre sus obras, muchas de ellas conocidas solo después de su muerte están los permanentes aportes al Cuerpo de Bomberos y a la Segunda Compañía, especialmente; a las escuelas-talleres San Vicente de Paul de Santiago, cuyos alumnos le llaman cariñosamente “Papito” Terrier y a la Escuela de Proletarios de Curicó, establecimiento por el cual tuvo una especial atención. Gracias a su dinero esta última escuela implanta el desayuno escolar y realiza la primera Fiesta del Árbol de la Ciudad y se convierte posteriormente en Escuela Industrial, especialidad que él había conocido en Francia y que estaba de moda en Europa.

SU MUERTE

Juan Terrier, fallece el 14 de agosto de 1919, a la edad de 72 años, dejando un testamento que inmortalizará su nombre y donde favorece en forma especial a los niños proletarios. A su segunda esposa le asigna el Cité Terrier y cierta suma de dinero y dispone: “Dejo todos mis bienes a la Escuela de Proletarios de Curicó y nombro como mi albacea al tenedor de bienes don Alberto Osorio Flores, asegurando con ello que se convirtiera en una escuela industrial de primer orden”, pedido que se convertirá en realidad.

Con las disposiciones testamentaria “Juan Terrier”, esperaba que los hijos del pueblo aseguraran su porvenir logrando el dominio de una actividad manual productiva y un encomiable espíritu de trabajo. Esta actitud filantrópica inmortaliza su nombre ligándolo para siempre a la sociedad y a la Escuela.

Las notas de la época, destacan la notable confianza que este benefactor deposita en su íntimo amigo Alberto Osorio Flores, otro de los grandes filántropos curicanos y que nacía del conocimiento profundo que él poseía de las altas cualidades que caracterizaron a su albacea. Al fallecer, el directorio de la Sociedad Educacional que dirigía la Escuela de Artesanos, acuerda hacerse cargo de los funerales y cambia en homenaje a tan ilustre personaje el nombre de la Escuela de Proletarios por la de “Escuela Industrial Juan Terrier”.

La noche del 14 de agosto de 1919, dice “La Prensa”, miembros de la Segunda Compañía de Bomberos montan Guardia de Honor ante el féretro del malogrado filántropo y en la tarde del día 15, una columna humana interminable, encabezada por la Banda del Regimiento Dragones, se mueve silenciosa y lentamente desde su casa habitación en calle Prat, entre Membrillar y Chacabuco, con rumbo al Cementerio de la ciudad.

En esta gran columna humana iban los miembros de la Sociedad para la Enseñanza del Niño Proletario, los alumnos y profesores de la Escuela Juan Terrier, el Cuerpo de Bomberos, una delegación de las escuelas-talleres San Vicente de Paul de Santiago y todo un pueblo entristecido que lloraba la muerte de su benefactor.

En la despedida participó el Coro de la Escuela Normal y don José Melo Burgos al despedir los restos mortales del filántropo a nombre de la Sociedad para Niños Proletarios, en una de sus partes dijo: Felices los pueblos que han podido contar con miembros de la distinguida colonia francesa que han venido a vivir con nosotros. Ella nos da ejemplos como el que admiramos reverentes ante el féretro de uno de sus miembros más distinguidos. El amor a los niños proletarios y su anhelo de mejorarles su condición llevó a don Juan Terrier a apoyar la Escuela que sostiene la Sociedad de Enseñanza para Niños Proletarios y a su dinero se debe, entre otras cosas, que ellos puedan lograr mejores metas en su vida.

Hoy, un colegio de primer nivel como el Instituto Juan Terrier y un pasaje de la Población Portales, inmortalizan su nombre, recordándonos que una vez llegó a tierra curicana un francés que adoptó este suelo como su patria “chica” y le entregó a ella su esfuerzo y le testó todos sus bienes, entregados especialmente para la noble tarea educacional.

Fuente: Diario la prensa de Curicó